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Diente de león
Aspectos botánicos e históricos
El Diente de león (Taraxacum officinale Weber) es una planta, de la familia
de las asteráceas (compuestas), usada tradicionalmente por sus propiedades
medicinales. Se trata de una hierba vivaz que se marchita en invierno, aunque
sus raíces -y a veces las hojas que forman una roseta en el cuello de la raíz- siguen
vivas. Rebrota en primavera, época en que crecen las hojas de color verde intenso,
dentadas y partidas de forma que parecen dientes, de ahí viene su nombre.
Florece desde el principio de la primavera hasta finales del otoño. Las flores,
forman cabezuelas compuestas de color amarillo intenso, sostenidas por un largo
pedúnculo. En otoño, cuando las flores se marchitan se convierten en una esfera
formada por las semillas y sus vilanos (plumas blancas) que se dispersan con el
viento. Crece casi en cualquier sitio y es considerada por los jardineros como una
mala hierba pues lo mismo crece en un campo de cultivo que al borde de los
caminos, entre dos adoquines o la grieta de una pared.
En primavera, las hojas tiernas constituyen una agradable ensalada aunque
un poco amarga, muy nutritiva y rica en vitamina C que tiene además efecto
diurético. En francés esta planta recibe el nombre común de “pissenlit” (pipi en la
cama) referido a sus virtudes diuréticas. Con las flores se hacía antiguamente un
vino aperitivo que se recomendaba para abrir el apetito y como reconstituyente.
Tostando las raíces se obtiene un sucedáneo del café y de la achicoria. Es una
planta melífera que atrae a las abejas.
Sus usos medicinales y nutritivos se remontan a la antigüedad. Alrededor del
año 1.000 de nuestra era, los médicos árabes apreciaban ya sus virtudes y dejaron
constancia de ello por escrito. Muchas tribus amerindias lo utilizaban también
con diversos fines medicinales. En el siglo XIII se mencionaba en herbarios
británicos y en el siglo XVI, el médico y botánico alemán Leonhart
Fuchs la recomendó para el dolor de estómago, como
astringente y como antidiarreico, entre otros usos.
Las raíces son la parte más utilizada con
fines medicinales. Son ricas en sustancias
amargas, derivados del ácido caféico, inulina,
fitoesteroles y sales potásicas, entre otros
componentes. A la acción conjunta
(sinérgica) de estos componentes se
atribuyen sus propiedades: depurativa,
diurética, estimuladora de la
producción de bilis en el hígado
y facilitadora del vaciado de la
vesícula biliar.
USOS: Tradicionalmente se
recomienda para favorecer el
equilibrio hídrico, para aliviar trastornos
digestivos y gastrointestinales leves
y para facilitar la función hepática y
biliar. Estas recomendaciones están
recogidas en la monografía de la
ESCOP*.
*(European Scientific Cooperative on
Phytotherapy) Asociación europea de
sociedades científicas de fitoterapia.
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