La fitoterapia es una ciencia que utiliza plantas medicinales en sus distintas formas con fines relacionados con la salud.
Sin duda es la medicina más antigua y todavía hoy representa
el único sistema usado por poblaciones primitivas o que no
tienen acceso a fármacos de síntesis. De todas las medicinas
naturales es la que más se acerca a la medicina convencional,
ya que actúa sobre la base de principios activos con una acción
bien definida en el organismo. Sin embargo, se distancia de
ésta ya que, por el contrario, considera que la actividad
realizada se debe atribuir principalmente a todo el conjunto
de componentes de la planta en lugar de únicamente a la acción
de los principios activos purificados y aislados.
Las plantas contienen sustancias identificables como principios
activos, pero su acción en la naturaleza no se puede separar
de la administración de todos los demás componentes orgánicos
de las mismas. En algunos casos estos principios activos pueden
ser aislados o reproducidos y modificados en laboratorio y
por tanto formar la base de los fármacos más conocidos. Es
suficiente pensar como ejemplo al ácido acetilsalicílico,
que quizá sea el principio activo más conocido por estar contenido
en la aspirina, que deriva del sauce.
En cambio, no es posible reproducir en laboratorio el conjunto
de componentes de la planta y las relaciones que existen entre
los mismos en la naturaleza; este conjunto se llama fitocompuesto,
y sus elementos son tantos que ni siquiera se pueden identificar
con seguridad. La fitoterapia considera que la planta ha de
ser utilizada en su conjunto para reducir los efectos secundarios
y obtener una mayor eficacia gracias a una mejor compatibilidad
con el organismo, con el que parece más afín y por tanto con
mayor disponibilidad biológica respecto a una sustancia de
síntesis.
Cuando se utiliza la planta, tanto en preparados tradicionales
como tisanas o pócimas, como en las formas más modernas como
los extractos secos o liofilizados, se somete la misma a un
proceso de extracción que permite concentrar los principios
activos (dilución) de manera que se pueda dosificar con seguridad
la cantidad que se debe administrar y destinar el uso de la
planta al desarrollo de una determinada acción en la salud,
garantizando al mismo tiempo la posibilidad de replicar el
tratamiento en el tiempo (estandardización).
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