La homeopatía, del griego "Homoios", que significa
afín, y "Pathos", que significa sufrimiento, es una
forma de medicina ideada por Samuel Hahnemann, médico alemán
que vivió a caballo entre los siglos XVIII y XIX. Abandonó
pronto su carrera de médico en la universidad de Leipzig ya
que estaba en contra y poco satisfecho con los métodos terapéuticos
de aquella época.
Hahnemann es considerado en verdadero creador de la homeopatía,
sin embargo, es necesario recordar que entre los precursores
de esta disciplina se encuentran también Hipócrates (460-361
a. C.) y Paracelo (1493-1541).
Las enseñanzas y las teorías de Hahnemann sobre las que se
basa la homeopatía prevén que se aborde la enfermedad con
sustancias capaces de desencadenar en el organismo las mismas
reacciones de defensa con las que éste cuenta para afrontar
la enfermedad propiamente dicha.
De este modo el mismo organismo ha de solucionar el problema,
estimulado por la "afinidad" para reaccionar y defenderse.
Por esta razón, la homeopatía se diferencia claramente de
la fitoterapia, la cual, al contrario, actúa de manera alopática
(del griego "Allos" que significa "diverso"), es decir,
basándose en los principios activos que combaten y se contraponen
directamente al problema. La homeopatía utiliza plantas tanto
beneficiosas como venenosas para la preparación de remedios,
pero en diluciones tan bajas que no se pueden localizar ni
siquiera en el producto acabado.
El principio de la dilución infinitesimal constituye uno de
los cimientos de la homeopatía, a diferencia de lo que sucede
en la fitoterapia, la cual, al basar su acción en los principios
activos, requiere una cantidad consistente y bien determinada
de sustancias identificadas como sustancias activas. Las presuntas
afinidades entre la homeopatía y la fitoterapia y el hecho
de que incluso se confundan depende únicamente de que en ninguna
de las dos se prevé la utilización de sustancias de síntesis
y por tanto pueden definirse como medicinas naturales.
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