La irritación de los ojos se produce habitualmente como respuesta a determinados irritantes externos, a forzar demasiado la vista o a infecciones u otras enfermedades que afectan a los ojos. La sequedad de los ojos es la causa más frecuente de irritación ocular y su prevalencia aumenta con la edad. Entre las causas principales se encuentran el aumento de irritantes y alergenos ambientales (polvo, humos, contaminación, aire acondicionado o calefacción, sequedad ambiental, pólenes, rayos UV solares, etc.). Además, en los últimos años hay que añadir como otra causa importante de sequedad e irritación ocular el uso de los ordenadores; cuando se trabaja frente a un monitor durante horas, la velocidad del parpadeo disminuye, de 12 a 2 parpadeos por minuto, lo que produce una disminución de secreción de la lágrima (lo mismo que ocurre cuando se mira TV o cuando se conduce por largo tiempo), agravado por el hecho de que no siempre la iluminación es la adecuada. Otras causas de sequedad ocular son el natural envejecimiento y una disminución de la secreción de lágrimas, o el aumento de la evaporación, debido a diversas enfermedades.
El síntoma principal es la sensación de tener “algo metido en el ojo” y de escozor, picor y pesadez de los párpados. Suele notarse más tras el sueño, o después de estar por un tiempo leyendo, ante la pantalla del ordenador o viendo TV. Estos síntomas se agravan en primavera, por un mayor contenido ambiental de pólenes, en verano debido al calor y la sequedad del aire y en invierno por las calefacciones.
La mejor forma de calmar y prevenir la sequedad y la irritación ocular es proteger los ojos de la sequedad y la irritación utilizando gotas oculares formuladas para mantener la hidratación del ojo, formando un film protector que evite la evaporación y ejerciendo un efecto lubricante que evite el roce y permita a la mucosa ocular repararse y recuperar su funcionalidad.
En este sentido las plantas medicinales y otras sustancias naturales pueden ser de gran utilidad.
El ácido hialurónico es un polisacárido, que existe en el cuerpo vítreo del ojo y le ayuda a conservar su forma. Curiosamente una de las fuentes más provechosas de obtención son las crestas de los gallos. Gracias a su capacidad de retener agua en un porcentaje equivalente a miles de veces su peso, desarrolla una eficaz acción hidratante, y revitalizadora del ciclo celular de mucosas y tejidos. A nivel ocular previene y mejora las molestias del ojo seco gracias a su acción protectora y lubrificante.
Los polisacáridos procedentes de las lígulas florales de la manzanilla (pétalos blancos desarrollados en el borde del capítulo floral), tienen acción protectora e hidratante. Estos polisacáridos unidos al agua destilada de la propia manzanilla determinan la formación de una estructura molecular que retiene el agua, evitando la evaporación de la misma del ojo.
Por su parte, la glicerina vegetal recubre la superficie de la mucosa ocular aumentando la hidratación de forma homogénea y duradera.
Asimismo buenos hábitos para mantener la salud ocular son: visitar al oculista para realizar una revisión una vez al año; desechar lentillas viejas; usar gafas de sol al aire libre y conduciendo para proteger los ojos contra los rayos ultravioleta; mantener medidas de hidratación bebiendo suficiente agua; alimentarse bien; evitar ambientes demasiado secos, fríos o ventosos; humidificar el ambiente para contrarrestar los efectos de la climatización; hacer pausas y permitir que los ojos descansen cuando se lee, se trabaja en el ordenador o se conduce por largos periodos de tiempo; tomar medidas de higiene e hidratación de los ojos con productos oculares adecuados, que protejan, lubrifiquen e hidraten la mucosa ocular.
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